lunes, 1 de octubre de 2018

2 POEMAS MÁS DE CARLOS NUÑEZ





II


Ya casi el alba respira su velo
                        en la cara
de los que están durmiendo en la terminal de ómnibus.
El olor a cuero mezclado con guisos de cordero
con bolsas de lana y pequeñas mantas donde van las guaguas,
una tiene una mosca muerta pegada en la cabeza.
Todos queremos irnos pero no hay información ni micros
ni teléfonos. Ahora el sol / sale/
yo nací en el mar; cuando llegué acá casi no podía respirar /
pasa un perro por delante del cartel de la publicidad de Koleston
alguien le saca una foto a la montaña multicolor.
Compartimos un cigarrillo
medio escondidos en una escalinata que nos llevaría
a donde estuvo el museo.
Trato de explicarle a los francesas que esta gente en el siglo XIX
protagonizó
un éxodo que fue de los actos de valentía y entrega
más importantes de nuestra historia.
Lo más difícil explicar que casi nadie le da importancia.



IV


Nos cerramos en dos, en tres,
cada vez más adentro
                       el aire es demoledor
¿Cómo hacer para ver?
¿Cómo hacer para no ver?



Carlos Nuñez (Buenos Aires, 1955)

Fuente: "Reporte del clima", Carlos Nuñez, Edición de autor, 2018.




lunes, 17 de septiembre de 2018

3 POEMAS MÁS DE FRANCO RIVERO






petỹ (Tabaco en guaraní)

a mí el campo me entró con el tabaco
por la nariz
después por las manos
la vista

hojas con venas
nunca había visto
las tocaba
como quien no ve
o no cree
en lo que ve

es tabaco
me dijo mamá
era la primera vez
que recuerdo llegar
a casa de la abuela
cuando la vi
ella tenía un cigarro
en la boca
y ese olor

fue como saludar a una planta
como si una planta
me saludara

años después
aún niño
toqué hojas de tabaco secas

el color era oscuro
las venas
estaban intactas

cuando fuimos a vivir
a casa de la abuela
ella me enseñó
a armar cigarros
lashoja más chica
son para hacer chripa
me decía

las colocábamos después
en una hoja más grande
tené que enliarle parejo
me repetía a cada rato
después me mostraba
cómo se pegaba con engrudo
el borde de la hoja
para que el cigarro
no se desarme

también me enseñó a fumar

me gustaba recorrer el campo
a pie
vicheando
buscando nidos
y una vez
encontré un murciélago
en el tronco de un árbol
había un hueco
y él estaba ahí
como escondido
metí la mano
lo toqué
lo alcé
acaricié sus alas
fue como acariciar tabaco
alas como hojas con venas
hojas que son casi tela
hasta en el color
se parecían

me enamoré del murciélago
lo visitaba a diario
y a veces se lo llevaba a la abuela
para mostrarle sus alas
el parecido que había

qué cosa no
decía
no se animaba a tocarlo

anoche en caa cati
alguien sacó unos cigarros
como los de la abuela
después de cenar
el olor el color las venas
volvían a mí
la laguna era como un espíritu
de fondo

hubo guitarra
acordeón
y cajón peruano
para variar
mi chamígo fabián fumaba
con nosotros
lo miraba y pensaba
no le falta nada para ser
de acá

allá volví a ver
manos morochas que
se parecen a esas hojas
de tela casi
con venas como caminos

me enamoro
de esas manos
el día que ame
él las tendrá así



…………………………………..




cada tanto vuelvo a lo que fuimos
y me da por desearte paz
decirte
te recuerdo bien
y eso
es lo mejor que te puede pasar
con alguien
que te recuerde bien

como ahora
que este brillo
te reunió en mis ojos
mientras pienso
honestamente
pienso
es lindo
haber perdido amor
con vos






Psykhé



de chico decía para mí
por qué será
que a donde vaya yo
se traslada la vida
también me preguntaba
qué era eso de despertarme
y sentir
algo que se despierta conmigo
como dentro de mí

sentía el alma
lo supe cuando el tío basilio
me enseñó la palabra
espíritu
y yo le pregunté qué era
y me dijo
es el alma hijo
todos la tenemos
y cómo es
como aire
dijo
como aire

entonces respiraba con miedo
cada vez que me daba cuenta
de que respiraba

tenés que tomar aire antes
de zambullirte
me decían
para tener más alma
pensaba yo
y era lindo andar
por debajo del agua
con un alma
más grande




Franco Rivero (Corrientes, 1981)

Fuente: "Disminuya velocidad", Franco Rivero, Ediciones Deacá, 2018.


3 POEMAS MÁS DE DIEGO ROEL




TERRITORIO


Este suelo no es de oro:
estamos obligados a escalar el abismo.

Dijiste:
sólo manos verdaderas escriben poemas verdaderos.

El oficio exige absoluta precisión,
manos curtidas por el roce de las cosas,
una mirada que penetre
la niebla del día y de la noche.

Sí, es necesario un cuerpo que se prolongue hasta tocar 
aquella línea en perpetuo movimiento
donde los otros cuerpos se deshacen.

El oficio exige absoluta precisión.






ANÁBASIS

A Jotaele Andrade


Soledad, otra vez
estás arriba y abajo, delante de mi cuerpo,
en el centro exacto de mi sangre.

Escucha la música que viene del pasado:
la bala se abrió como una flor en mi cabeza,
la bala hizo tres nidos en mi frente.

Me quebraron los ojos y los huesos.

Ya la órbita del sueño vierte el veneno
en toda palabra, en toda forma.
Ya la reja del lenguaje hunde su cuña,
clausura las vías del aliento.

Soledad, otra vez
estás arriba y abajo.

Escucha la música que viene del pasado.

Recuerda:
la corriente que enlazó a dos almas
vence a la muerte y permanece.





CADALSO



Y a pesar de todo
seguí la estela,
busqué la huella donde el milagro
inicia siempre su carrera.

Solté las armas.

¿Me oyes?

Yo puse mis huesos delante del espejo

Solté las armas.



Diego Roel (Témperley, 1980)

Fuente: "Shibólet", Diego Roel, Griselda García Editora, 2018.


4 POEMAS MÁS DE CARLOS ENRIQUE CARTOLANO





48.


la palabra ya estaba aquí/ del custodio interior
su forma/ estrellados las brasas renacido
honor sobre la lengua/ aún los dientes también
tu lectura/ materia activa arcilla en pie: el amor



225.

escribo bajo el mundo por otra luz tras el manto/ por nuevo día
de amor tiendo el cuerpo entre las sábanas/ por el sol de noche ojos
tersos en la piel manos que desplieguen y territorios bajo bandera
por nombrar encantos/ vine a devolverte la alegría/ reí por eso



288.

cedo al dibujo: un plano de itinerario/ las estaciones/ mi colección
de piedras tabas pieles cabellos/ esto que barro lo trae el mar
tejidos muertos y en alto un jardín de brotes: granas/ simiente el verso
libertario/ muda su nombre cada mañana/ aquí triunfa el artificio



480.

viajo chispa al viento/ me acuna supérstite un cosmos tras el estallido/ sé
de mí por dichos y mirada/ esta última persiste parpadea guiños/ sostiene
su fruto un volumen de palabras/ de ellas memorizo una línea que juzgué
feliz en otro tiempo/ si arde todavía quizá me redima la piedad de tu lector



Carlos Enrique Cartolano (Buenos Aires, 1947)

Fuente: "Cuadratura del horizonte -520 borradores y una porción vital-", Carlos Enrique Cartolano, Editorial Lágrimas de Cirse, 2017.



6 POEMAS DE ALEJANDRA CORREA






II


En japón
los niños fingimos infancia

un largo acto escolar
para quienes nos piden
que juguemos en la ladera
de la montaña nevada
donde los perros nos acechan
con sus ojos de muerto

¡jueguen¡ - ordenan
¡canten sus canciones¡

quieren que soñemos
una ciudad de huesos
entre los cuerpos podridos
de una enorme fosa




IV


Soy como tantas
mujercitas de este mundo

un vigoroso duraznero
de jardín

enormes y bellos frutos
penden de mis brazos

y mis raíces
muriéndose



del libro "Los niños de Japón"





Sostiene mi mano derecha
en su mano derecha
la contiene en el hueco
y aprieta mi puño en su puño

pulgar e índice apuntalan esta pluma

Dibujamos unos signos antiguos

Me lleva desde fuera de mi trazo
él es mi trazo
él se aventura, yo lo sigo
pero ya no es a él
es al movimiento y su música
su mano apretando la mía
su movimiento en el mío

Mojamos juntos la pluma en el tintero mínimo
)el olor agrio de la tinta negra
en mi pequeña nariz)

Volvemos el trazo interrumpido
se elevan nuestras manos
se acortan
se ciñen
se controlan

Dibujamos el idioma

Respira tan cerca
su profunda voz emite algún sonido
como dictando:
más corto, más largo, más reunido

Y entonces me dice:

-Ahora, vos sola

y me abre en un abismo




Tumba que te tumba


Tuve miedo de tu frío
de que tu frío se adueñara demí
como un bloque de hielo
atado a mi espalda

en las noches
llorabas en mí de frío
y pensé en abrigarte
con una frazada de ribetes azules

supe mucho más tarde
(demasiado tarde)
que Anaïs quiso hacer lo mismo
con su muerto
(¿una solución literaria?)

en que entonces
el frío
voy y yo
éramos los únicos
en este mundo de locos




de "Cuadernos de caligrafía"



II


Yo no sé 
si habrá belleza
en un mundo que olvida
su cuerpo de aire




III



¿No será él la persona
y yo el pájaro?



de "Maneras de ver morir a un pájaro"



Alejandra Correa (Uruguay, 1965. Reside en Buenos Aires.)

Fuente: "Los niños de Japón", Alejandra Correa, Ediciones Recovecos, 2010.
             "Cuadernos de caligrafía", Alejandra Correa, Ediciones Recovecos, 2009.
             "Maneras de ver morir a un pájaro", Alejandra Correa, La Gran Nilson, 2015.