miércoles, 11 de mayo de 2022

3 POEMAS MÁS DE CLAUDIA FERRADAS


 


XII. El Colgado



el hombre

que se mece en la soga


los cuervos

sobre el hombre...


y mañana lloverá

y todo

habrá

pasado


Marcelo Dughetti

El monte de los árboles sogueros



Un tirante. Una soga.

Cuelgo de un pie.

Cabeza abajo, como Osiris.

Me balanceo sobre un precipicio.

No sé por cuánto tiempo me sostendrá la soga.


No ofrezco resistencia

ni desgasto mis fuerzas en procurar erguirme.

Mis manos impotentes descansan en mi espalda.

Mi cabeza se mece

como si me cabello añorase la tierra

para volver al vientre de la madre nutricia.


En esta suerte de crucifixión

debo aprender de la humildad de Pedro.

Los que pasan se apiadan

porque se reconocen indefensos

entre aquello que han sido y lo que quieren ser.

Algunos me apedrean, llamándome traidor.

Los niños se llevaron las monedas

que cayeron al piso.

Son mis aliados en el desapego.

Hay algunos que intentan inclinarse

para mirar el cielo desde mi perspectiva.

Los que lo hacen pueden verme bailando,

erguido, equilibrado.

Si logro renunciar a ver el mundo

del modo que lo hacía,

ya no podré agradecer este martirio.


Me sostienen dos árboles truncados.

Hoy ostentan seis brotes cada uno:

doce meses para que sus ofrendas

puedan reverdecer,

doce horas en la cara del reloj.

Odín, atravesado por su lanza,

se desplomó después de haber colgado

de las ramas sagradas de Yggdrasil.

Así, cabeza abajo, sin beber ni comer,

nueve días y nueve largas noches.

Hasta el mismo padre de los dioses

pagó con sacrificio

el secreto alfabeto de las runas.


Acepto, entonces, mi iniciación.

Soy un péndulo.

Al fondo del abismo,

veo el pozo de Mimir,

donde reside la sabiduría.

Entrego a él mi voluntad

a cambio del fuego prometeico

del que habla el Ermitaño.


                                                      Ya replica la sangre entre mis sientes.

                                                       Me dirijo hacia la trascendencia.






XVII. La Estrella



La luz me ha conducido hasta el arroyo.

Aquí no hay carro, templos ni palacios.

Sin transporte ni abrigo,

en el seno nutricio de la naturaleza

me reconozco plena.


Ya no me quedan máscaras,

ropajes, distracciones, compañía:

tan solo los dos cántaros alquímicos

que supe recibir

del ángel generoso que me otorgó templanza.

En el sosiego, soy ondina, soy náyade.


Agua a las aguas

para que fluya la energía del mundo.

Agua a la tierra

para que se renueve el ciclo primigenio.


Bajo el mandala de luz que me ha guiado, 

los cabellos de la Venus Urania

acarician mis hombros.

Las Pléyades

despliegan octogramas de orden ineludible.

Ungida con el halo del lucero,

ya nada me hace falta.

En las ramas perennes de los árboles

oigo al cuervo de Elías prometer abundancia.


La soledad carcome,

pero acepto la pausa y el reposo.

El centro de mi vientre

acuna el germen de la transmutación.


Caminante, no dudes:

la estrella de tu alma te mostrará el destino.

Despojado, vulnerable y desnudo,

encontrarás la senda que trazó el sufrimiento.




XVIII. La Luna



Puedo verte bracear en el estanque

procurando llegar a alguna orilla.

Un fango oscuro lame tu contorno.

Mi luz especular

conjura el sortilegio donde viven tus sombras:

una alucinación viscosa, amniótica,

pura emoción sin bordes ni fronteras.


Soy Selene.

Soy Ishtar.

Soberana de mares y de vientres.

Astarté.

Mama Quilla.

Divinidad triforme:

doncella virginal, madre, hechicera.


Contémplame.

La oscuridad revelará el misterio:

arco iris del cosmos que se eleva

alimentando a Helios,

con cuya luz revelo mi presencia.


Esta noche soy Diana cazadora.

No insistas, como Acteón,

en descubrir el rictus de la cara que oculto.

Mis sabuesos custodian los portales,

Perséfone conduce la jauría.

En la noche del alma,

no temas al cangrejo zodiacal:

él puede revelar la matriz cósmica.


Te has atrevido al rito del pasaje.

Los miedos ancestrales no te agobian:

tu intuición es la balsa.


Ya lo sabes:

cada dolor no fue más que un peldaño.

Más allá de las torres

espera el mundo fértil de tu conciencia plena.



Claudia Ferradas (Buenos Aires, Argentina).

Fuente: "Arquetipos -Archetypes. Claudia Ferradas, translated by Cecilia Della Croce", Edición bilingüe, Modesto Rimba, 2021.



jueves, 21 de abril de 2022

4 POEMAS MÁS DE CARLOS BARBARITO

 






Lo uno y lo otro



    Dos ciudades exactamente iguales, una en la costa y otra sumergida. Lo único que las diferencia es el sonido de las campanas de sus iglesias, al propagarse por el aire y por el agua.

    Dos aves, una ciega. Las dos cantan pero el canto del ave ciega se asemeja a un repetido y obstinado golpe de martillo sobre un metal que proviene del fondo de la tierra, al que sólo llegan las raíces.




Yeats



    Todo es artificio, incluso lo que desde la tinta desgarra el mar, el cielo que lo cubre. Incluso, la vía más directa a Jerusalén, Bizancio. Sobre el polvo, la piedra y sobre la piedra, el pie calzado que avanza a la hora del gallo hacia horizontes mercantiles, teosóficos. Artificios el zapato, la piedra. Y cuanto se cree a salvo del cieno, limpio de sangre, sostenido sobre rama de oro, satisfecho ante un espejo. ¿De qué vale la urgencia por fijar un sueño ante el sueño mismo, rocío no encendido?



(de Materia desnuda)



Tal vez en el óxido que se acumula
en el centro de las estrellas;
en el ancho y largo hueso
que algunos utilizan como herramienta
y otro, creyéndolo el resto de un dios, veneran;
quizás en el agua que beben las aves más sedientas
o en la fuerza que hora tras hora,
en lucha con una peste, brutal y subterránea, sobrepuja;
acaso en el oculto o visible sexo de las flores,
en la garganta de un anhelo súbito y espléndido,
en un vapor lejano, en alguna persistente duración,
en el seno visto o entrevisto,
en la cifra en la que la belleza se enraíza,
en la música que no se ausenta,
en la necesaria herida para que la carne
adquiera valor y peso de carne;
tal vez en la luz que hace posible el vitral,
en el enloquecido piar,
en la chispa que una obstinada fe abarca y fija.









La veo abandonar sus telas y metales,
dejar atrás la condena de masticar y tragar
cuando hasta en lo espejos domina el hambre.
Pero, ¿soy digno de ser testigo?
Si soy menos que un diente, una vértebra,
un tafetán rasgado, una cortina
que impide que la luz entre,
una tierra que no permite brote.






(de Lugar de apariciones)



Carlos Barbarito (Pergamino, Argentina, 1955. Vive en Muñiz).
Fuente: "Materia desnuda", poemas de Carlos Barbarito y dibujos de Víctor Chab, Wolkowicz Editores, 2020.
             "Lugar de apariciones", poemas Carlos Barbarito y Collages de Sergio Bonzón, Wolkowicz Editores, 2021.





miércoles, 13 de abril de 2022

2 POEMAS MÁS DE ANAMARÍA MAYOL


 


Viento sur



Viento sur

llévale mi silencio


una huella de sombras

hacia la última herida

que lo espera


un trozo de mi voz

aullando en la oquedad


llévale mi suspiro

la tragedia de estar 

                         detrás de un rostro

que roe el tiempo


susurra entre sus manos

mis cicatrices


sopla mis iniciales en su oído

como un epitafio


dile que he muerto

marca su sombra

                       con el último nombre

que aún me nombra


libérame

de este exilio en la nada





En Tilcara



Yo vi pasar un río

con sus agua marrones

en la arcilla


designando quebradas piedras

cardones


vi pasar gentes

en procesión de sikuris

para honrar

la mamita de los cerros


montañas azules

                         amarillas rojas

laderas pintadas de siete colores

vi casas de adobe

pircas

calles que subían laderas

de tierra y piedras


el rostro de una anciana mujer

surcado por el viento

con su pobreza a cuestas

que le cantaba coplas a su sombra


yo vi pasar un río

                              torrentoso

como pasó el recuerdo de tus ojos

poblándome los míos



Anamaría Mayol (La Pampa, Argentina)

Fuente: "Exilios en el cuerpo", Anamaría Mayol, Apócrifa editorial, 2018.



viernes, 8 de abril de 2022

POEMAS DE CUATRO LIBROS DE SIMÓN ESAIN


 


esta casa la tiene

con que vivo aquí



...



cuando me vieron dentro de mí

cerraron las puertas




(de Con notaciones)



Sin un vivo interés patológico jamás he

conseguido tratar ninguna situación

trágica, y por ello he preferido evitarlas

a buscarlas

Goethe

a


adonde pasa de largo

alguno se habrá detenido

le enviará noticias sobre su multitud



b


el campamento caníbal se inspiró

recorrió las tumbas / comió las flores

se sintió en deuda / gestado



c


puede creer cualquier mentira

puede decir cualquier verdad

quisiera ser supersticioso


tribu por tribu

me quedo con la mía



d


el odio siempre se ocupó de sus necesidades

fresco y realista como ninguna voz afectuosa



e


es lo peor de la pared

que es un trozo de pared




....



I


gusto de esas nubes tuyas

que equivalen a esbozar un pájaro / su rama





(de BP Stood Up)



5



no quiero oír conmigo

este silencio

es en tu silencio

donde quiero oírlo





29


a


el frío suena lejos / sólo

sacaron el tren / sacaron el tren

no más guirnaldas azules

a lo largo de las despedidas

no más casitas veloces

corriendo a visitar mi pasado



b



como el dócil volumen del paquidermo

como la larga historia que se acerca a un final

como la calle vista a través de una careta

fría / mente / ornada con trazos de seda

el tren llega a Gándara

y Gándara se detiene en el andén



c


cuando el tren pasó por Gándara

los chicos en la escuela pararon ante los vidrios tintineantes

para que los fotografiaran

porque nunca nadie los había fotografiado

unos altos otros bajos

aquel sonreía alzó su mano / a otro

se le caían los hombros como su modo de reír



(de Tangos / no tangos)




76



el tajo perfecto del horizonte me dice la

verdad

no sos un pájaro

abajo

          te quedás

nunca volarás

                      si no es

con esas alas que no tenés




93


El sordo Ulysses 


a Roberto Malatesta



mi esposa sacude sábanas y alisa

almohadas

desborda el dormitorio / su rumor

en la cocina el reloj acompasa sonidos

que llegan / y los que no llegan


he quedado en medio como tantas veces

donde el breve pasillo resuma lavandina


incómodo siempre / mi barco

sin embargo / cabe mi barco allí

inclinado de proa y a babor por el esfuerzo

de la vela

se entrega / estirado también / siempre

crujiente

hacia otro sitio y otro tiempo

respetable voluntad de olas


remos silenciosos se hunden tras el fondo

y extraen al mar

                           sus veloces jacintos





(de Tótem o La mirada de Ulysses)



Simón Esain (Maipú, Buenos Aires, 1945).

Fuentes: "Con notaciones", Simón Esain, Editorial Leviatán, 2021.

               "BP Stood Up", Simón Esain, Editorial Lágrimas de Cirse, 2021.

               "Tangos / no tangos", Simón Esain, El andamio ediciones, 2020.

               "Tótem o La mirada de Ulysses", Simón Esain, Editorial Leviatán, 2021.



viernes, 11 de marzo de 2022

2 POEMAS DE CRISTINA ALONSO





La ruta del viento

                                                        
                                                    Es en la fe del salto cuando se abre la red.
                                                                                                    Laura Yasan




Aferrado a la rama,

las patas tiesas,

el pico mudo

mira.


En el cielo

otros pájaros se alejan

diminutos puntos

ruidos de alas que se apagan.


¿Adónde irán?

¿Cómo logran desplegar sus alas?


Tieso, mudo, aferrado a su rama observa.


No lo sabe


la ruta del viento se inventa al desplegar las alas.





1



Arduo ejercicio de la memoria

exiliados de todas las certezas

al rescate de ciudades invisibles.


                       El goce secreto de los cuerpos

                       en busca de pequeño alivio.




Cristina Alonso (Buenos Aires, 1952)

Fuente: "Íntima celebración", Cristina Alonso, Alción Editora, 2011.