viernes, 15 de mayo de 2015

5 POEMAS DE ALBERTO SZPUNBERG





III



"Como si te dijera", o sea, todo esto es un decir,
también este poema.
Por ejemplo: esta mañana pude descubrir en el perfil
de la montaña un gesto que es tuyo, sobre todo
cuando observo tu rostro contra el cielo, y ambos tan
inasibles.
Pero no pensaba en ti, sino en la montaña, allá arriba
donde el cielo también es inasible,
allá en lo alto de esa ola que no deja de avanzar en su
tiempo, el mismo que empuja en el fondo de todos
nuestros días.
Pero detenida para nosotros en el horizonte, podemos
encontrar nuestro camino en relación con ella, su
soledad,
tu gesto ese que tampoco deja de empujar y empujar
en el fondo de todos mis días, mis mañanas, mis
silencios.
Como si te dijera: no pensando en ti sino en la
montaña pude pensar que te encontraré y
hablaremos,
aun sabiendo que tu voz me distrae de todo lo que
dices.
Como si te dijera: entre palabra y palabra, el poema
vuelve a ser un juego inocente.


ASTILLAS EN LOS VITRALES DE NÔTRE DAME

Panes y peces como pétalos llovidos de la única mano que
puede arrojar la primera piedra
la primera piedra que será la última para volver a ser la
primera —precisas palabras bajo la lluvia, casi consignas— o no
será

palabras a trasluz del viento que las sostiene

labios sostenidos por los besos, breve brisa,
llovidos besos esparcidos por la mano de la luz sobre
el poema

el niño y el hombre se van de la mano y juegan bajo la lluvia
el niño se pone el sombrero y juega a que sueña

el hombre recoge la cabeza del apóstol y juega a que apunta

yo me entrego a tu mano y juego a que te amo,
llueve y sobre la calle, como vitrales, los charquitos.

Tu cercanía es de pronto el único milagro.




BONHEUR



Llueve, ella llueve y la única transparencia es su
desnudez,
mientras su mano devuelve los milagros a la vida y da de 
vivir.
Ella llueve como si jugara: su mano reparte panes y peces
en el aire para que giren alrededor de mi corazón.
El poema se sostiene en el leve roce de sus gestos.



VIII



Luego, poco, muy poco fue quedando del naufragio:
estas ropas de todos los días, la misma navaja en el 
bolsillo, algunos papeles, el alma suspendida en la
ciudad lejana, la ávida lectura del diario a la espera
de noticias...

-No importa, ya estamos en octubre, y nada son las 
palabras sin nuestro asombro.



IV



He abierto, abrí mi libreta al azar: "ella, como la lluvia, 
habla en silencio".
Esto escribí un día anegado por su tristeza,
pero no, no dice "ella", dice tu nombre, dice mi letra
temblorosa.



Alberto Szpunberg (Buenos Aires, Argentina, 1940)


Fuente: Apuntes- Luces que a lo lejos, Alberto Szpunberg, Editorial Colihue, 2008

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