lunes, 30 de abril de 2018

1 POEMA DE CELINA FUERSTEIN Y UNA YAPA




ocurrió como en Los puentes de Madison

fue una despedida sí pero sin atrevernos
a decir la última palabra
¿pero acaso podría
haber sido
diferente?
¿cómo se termina un amor, en nombre de qué o
en qué nombre?
¿se dice adiós?
¿se dice arrivederci?
¿se abraza, al final?
uno imagina despedidas como
un puente y figuras
en luz cada vez más tenue
y el auto que se aleja
y los faros
que se pierden

fue un final a puro silencio y
algo brilló en el cielo
como una bola de fuego
despedida
por un cañón



Celina Fuerstein (Buenos Aires, 1959)


Fuente: La casa vacía, Celina Fuerstein, Caleta Olivia, 2017


LA YAPA:

Lectura del poema





Voz: Valeria Pariso

miércoles, 25 de abril de 2018

1 POEMA MÁS DE ALICIA SILVA REY


Ahora soy de cuidado. Una figura de cerámica roja o negra
de volumen variable y un impacto de hierro.
He sido vaciado, objeto de cierta consideración,
amputado en mi ser doble y a mi vez, dividido.
Separado

en pedazos
de lo íntimo, arrojado
a este espacio en el que soy cualquier cosa
de irreconocible valor.
Caen las piedras en esta ciertamente muy oscura noche.
La rocosa materia exánime.
Las prendas desgarradas de mi ser flotan en un agua imposible.
Ni hambre ni sed ni cansancio. Ni la morada del sueño.
No sabía que todo esto me esperaba como regalo de bodas.
Sabía que éste era mi regalo de bodas.
Que vuelva y vuelva, este regalo.

La fiesta ha fermentado y desfallece. Cubiertos de joyas, calzan caligrafías laminadas laqueadas cubiertas apenas en los bordes de una costra fulgurante de sangre. No. No. Sin recaída en el lenguaje. Sin alaridos.

Todo hombre sirve primero el buen vino en sus bodas;
y cuando ya han tomado bastante, entonces saca el inferior.
Pero tú has guardado el buen vino hasta ahora,
tú has convidado primero lo aguachento de la sangre en el vaso;
tú no dejas de quedarte conmigo aquí no muchos días.

A saber, un fragmento de ser aislado de la realidad es lo que es en sus ligaduras.

Falda colgante, hombreras. Las gemas evaporan escamas encajes.
No tienen vino.
No porque todavía no ha llegado mi hora.
Seis tinajas de piedra con agua para la purificación.
El encargado del banquete prueba el agua de sangre hecha vino.
No es el roce del pañuelo de lino en los labios lo que importa
ni el que nos fuera ofrecido al borde de aquella niebla gris de acantilado,
ese momento del que no se recuerda el hule basto como mantel,
lo vil de una cocina, el repasador usado, la alacena donde iban a ocultarse los venenos. El tacto el toque del pañuelo en labios, esa imagen creada por mí al haberse suspendido el relato en el deseo, alimenta el fantasma del amor en el
rodeo de ese acto dicho hablado. Esa escena y palabra del pañuelito vale ahora porque en el sueño, fui llamada al reino de las sobras. Y alojada en escritos cuyas letras no habrían sido buscadas.

La mano de él posada en el pecho de ella, plano.
Quieta en su transición que organza encubre.
Mira él por encima del rojo, tiene un velo
que encubre la mirada, resto que es aceptado en su penumbra.
El vals. Las perlas. La novia en sí devuelta al rictus
que asoma y escuda el velo de él, nupcial. Su mano
puesta en ella ataviada con un saco de caza rojo.

Todo lo que digas es poco, lo que no naciste no está por renacer.

Cómo saber si existía quien fuera tu morada. Qué lengua
hablarías, besarías, devorarías en la oscuridad de su ser
ataviado con tu saco de caza el día de las bodas.
El relámpago de un segundo de cronómetro, tu vida en él.
La organza roja, la manera de los muebles comprados acicalados por él sin ti, en el oro de la sobra, en el cieno de la sobra que soy. Desfigurada de sentidos, el teatro de una escena de la que fuiste extirpada: la matriz de una lengua natal no castrada te llevó a esta bahía del oro consumado en palabras y sabemos muy bien de qué oro están hechas endebles posesiones.

Producirse un instante la ilusión
de que habría en el vaso
una flor que no está
-y lo cruel de la escena en primer plano
que contrasta con el sereno paisaje de fondo,
que no existe-. La erección
en el aire
de esa imagen real
–el sereno paisaje que no existe-,
habrá sido cuando
tomé un lugar al otro lado del espejo,
lugar del sereno paisaje que no existe,
tomada ahí, por ese pasaje ciertamente virtual
de un tiempo a otro, de un campo a otro de visión capturada.

Esa escena, en la lejanía, está enmarcada por troncos de dos árboles talados.

Por amor
destaco el delicado paisaje de fondo que no existe,
no el banquete nupcial.



Alicia Silva Rey (Quilmes, Buenos Aires, Argentina, 1950)


Fuente: Facebook


SENTIDOS, UN POEMA MÁS DE RAÚL ARTOLA (LECTURA)





Voz: Valeria Pariso

OCTUBRE (III), UN POEMA MÁS DE DANIEL FREIDEMBERG (LECTURA)




Voz: Valeria Pariso

miércoles, 18 de abril de 2018

1 POEMA DE MARTÍN ZÚÑIGA CHÁVEZ


PARECE SIMPLE TRABAJAR SIN MÚSICA

Cuesta mirar cuanto te acompaña un incendio.

Cuando los discos viejos inundan la casa.
Cuando las paredes se vuelven gigantes
y estás parado en medio

y de pronto las medias se te mojan
sin razón, y sin razón también la luz se acaba.
y un barro antiguo se asoma bajo las señales.

Cuesta no cerrar los ojos
en la necesidad de detener algo.


Martín Zúñiga Chávez (Cusco, Perú, 1983)


1 POEMA DE FADWA SOULEIMANE


A ti
Que me has matado en ese tiempo
Y a quien he matado en ese tiempo
Tiempo de muerte
Ese tiempo
Vendrá ese instante donde
Los ojos en los ojos
Veremos que somos nada salvo el reflejo de nuestra mirada
Que dice perdón
Nada más
Perdón
Observa este perdón en mis ojos
Y las vetas
La luz persiste delante de nosotros

Fadwa Souleimane (Alepo, Siria, 1972)


Fuente: 
https://circulodepoesia.com/2017/04/poesia-de-siria-fadwa-souleimane/

lunes, 16 de abril de 2018

1 POEMA DE ADONIS


CELEBRACIÓN DE LA SOLEDAD

Soledad: jardín
con un solo árbol.

Sé ausencia
para permanecer como pregunta.

El arco iris juró
vagar eternamente
porque perdió su primera casa.

Ayer, al despertarme,
vi al sol frotarse los ojos
en el cristal de mi ventana.

Las palabras que conozco se han tornado
bosque de tristeza.

¿Por qué aquella noche sentí
que el cielo era la guitarra de la noche
y las estrellas sus cuerdas rotas?
¿Será porque dormí solo?

Ahora sé por qué
alaban, a veces, a las tinieblas
los que no sueñan más que con la luz.

Puedes protegerte contra todo
menos contra el tiempo.


ADONIS (ALI AHMAD SAID) Nacido en Al Qassabin, Siria, 1930.

Traducción de María Luisa Prieto




domingo, 15 de abril de 2018

4 POEMAS MÁS DE SUSANA CABUCHI

SIRIA

A Jeannette Kabouchi



I

Ha despertado
seguramente temblorosa.
Ha escuchado los ayes
ascender las piedras de Sednaya,
ondular sobre las cambiantes dunas
hacia el desierto,
reptar entre los arcos de Palmira,
crecer en los olivos.
Por favor querida, dice
desde ciudades inolvidables
a la hora del sueño.
Por favor querida,
insiste,
escriba sobre Siria.


II


Juntas hemos visto
los juegos del Mediterráneo
frente a las costas de Latakia
y las manchas lejanas de la tierra turca
a través del mar.
Sabe que escuché, conmovida,
cinco veces al día
el hondo llamado a la oración
que surge, poderoso y verdadero, desde
las mezquitas, desde sus altos minaretes.
Sabe que me gustaba caminar
hacia el zoco Al-Hamidiyah
para oler los tejidos
y las especias.
En mitad de la noche
ha querido llamarme. A pesar
de los años y la distancia.
Debió recordar que en la Feria
de Libro de Damasco
me vio adquirir obras
escritas en un idioma que no leo
y que algo en mí reconoció los signos,
esas suaves y delgadas canoas
sobre el papel, esas líneas
de arenas y de vientos.


lll


Jeannette,
la prima de mi padre,
no usa velo.
Simplemente lo prefiere así.
Ella es cristiana, Fayez
su esposo, musulmán.
Hemos viajado al mar,
hemos nadado juntas
vestidas con trajes de baño occidentales
como las cristianas y las judías
mientras las musulmanas jugaban
en el agua
con sus largos vestidos mojados
adheridos al cuerpo, más sugestivas
que las turistas europeas
que extendían sus claras
y desnudas figuras
en las playas doradas.


IV


Qué sé, qué desconozco para que ella repita
varios meses después, Susana, no lo olvide
–suena firme su voz en el teléfono–
escriba sobre Siria.
Qué espera, qué me pide?
Hablaré de Quneitra,
del pasto crecido sobre los escombros,
de los testimonios del Golán?
Ibrahim me muestra unos montículos de nada
y dice: esta era mi casa.
Por esta calle iba a la escuela cada mañana.
Y señala la escuela, lo que debo
creer que fue una escuela,
cemento y hierros
arrasados por las topadoras.
De quiénes eran las tumbas?
Cuántos lloraban entre los olivos?
Alguien preguntó
sobre la poesía después de Auschwitz,
también yo lo pregunto
desde las ruinas de Quneitra,
sus hospitales muertos, sus calles incendiadas,
las infinitas filas de cruces blancas sobre
la vergüenza del mundo.
De quiénes son las tumbas?
Cuántos lloran entre los olivos?



Susana Cabuchi (Jesús María, Córdoba, 1948)

Fuente: Facebook.

4 POEMAS DE MAHA BECKER


1. La terraza está iluminada y un soldado le da de beber a un perro herido.
2. El intercambio de disparos es muy intenso y los árboles musitan algo incomprensible.
Roberto también, en la terraza.
Me aconseja leer un libro: la historia del movimiento intelectual en el islam… la revolución de los Negros… la revolución de los Qarmatíes… Y yo he fijado el ojo en su índice, esperando que me desabroche la camisa y toque el textil sirio.
3. En el espejo, un hombre que ladra. He hecho trampa en el examen de educación islámica. He matado a mis hermanos. Luego he escondido sus cuerpos en un libro de amor y me he casado con José.
4. Nada… se me ha caído un vaso de la mano… Hay un niño chico que dibuja un avión sin alas y una mujer que le lanza mis ideas al viento.

Maha Becker (Siria, Qamishli, 1967)

sábado, 14 de abril de 2018

2 POEMAS DE PATRICIO EMILIO TORNE


Si no fuera por esa indeclinable tentación


Uno sube a lo más alto de sus posibilidades,
desde allí mira el mundo como quien observa
a través de un microscopio.
Con subestimación,
ve a la humanidad,
su derrotero y se compadece.
Uno va a lo alto
y se olvida de cosas terrenales.
Los pensamientos se secan en la maceta
los yuyos tapan la yerbabuena,
se olvida uno
cuando ejercía las veces de jardinero,
daba agua regularmente
a su tierra y esperaba la flor.
Uno se abandona en las nubes
descansa sostenido por un hálito engañoso
que ayuda al desenlace.
Uno se alimenta de estrellas
de todas las galaxias posibles
hasta que actúa la ley de gravedad
haciendo ver que es tarde
para arrojar lastre por la borda.
Uno entonces cae
toma la pala, el rastrillo, la regadera,
pensando en el edén
que pudo conquistar
si no fuera por esa indeclinable tentación
que ejercen las alturas.
Uno acaricia entonces la tierra
con sus manos como quien busca
definitivamente la cura.

Cumpleaños

Pasa que uno ya no se ata 
los cordones de los zapatos como antes, 
y entonces piensa 
mucho más que de costumbre. 
Estoy ante eso que se pierde 
definitivamente, 
igual que los conejos del mago 
que ya se jubilaron, 
y ni galera ni estofado, 
apenas la mirada socarrona 
de algo que alguna vez estuvo, 
y nunca supimos si fue gracioso, 
bienvenido o patético. 
Saltitos, nada más, 
de la galera al humo que vino a devorarlos. 
Por si todo esto fuera poco, 
las canas no me quedan como a Anthony Quinn.
Pero, debo reconocer, todavía hay niños 
cargando mi cabeza.


Patricio Emilio Torne (Santa Fe, Argentina, 1956)



Fuente: http://www.opcitpoesia.com/?p=3375
             http://losniniosdejapon.blogspot.com.ar/2014/01/cumpleanos-por-patricio-emilio-torne.html

jueves, 12 de abril de 2018

2 POEMAS DE MARTÍN DI BENEDETTO



I



me han contado
de la lumbre enraizada
en la no lumbre,
dos esbozos que no refieren
oscuridad
sino ausencia/
todo es dios y no se esconde,
verlo a simple vista
como a un ladrido lejano
en la noche:
se escucha,
pero es.
Y cuando hablo de ausencia,
no es presencia su contrario,
la hilera de dientes del arroyo
no es el no mar;
eso está.
eso que es niño
el pensamiento deshilachado
una tierrita pena
ajo y piedra.



II



El hombre roto
ha comprendido:
la existencia es un lodo transparente.
Disminuye la esencia
cuando él y luego él:
el hombre roto no es consecutivo
ni se divide;
su desmembramiento
refiere a la palabra.
La grieta en el hombre roto
es el intersticio
donde surge el vacío,
pero no ha de errar en su nombre
cuando lo habla,
porque decir vacío
no es más que decir pleno.
En un círculo sin circunferencia
se parte el hombre roto:
debajo de la persona,
iridiscencia.


Martín Di Benedetto (Argentina, 1986)

Fuente: Facebook

miércoles, 11 de abril de 2018

1 POEMA DE MARCELO RIZZI


§


en las libretas transcribir
sólo expiaciones: ser santo
de los rincones de la casa,
no echar raíces ni siquiera
en terrenos pantanosos;
volver con frecuencia después
de acabados los aceites
para unciones;
bajo toldos de lona donde siempre
parece que nunca ha llovido,
ser sin pertenecer al espacio donado,
ser sin estar del todo dentro
del mismo rasgado vestido





Marcelo Rizzi (Rosario, Argentina, 1961)

Fuente: "El libro de los helechos", Marcelo Rizzi, Ed. Barnacle 2018

domingo, 8 de abril de 2018

2 POEMAS DE CECILIA FRESCO





ES MUCHO Y ES TAN BELLO


La casa está en un claro
al lado de un arroyo
que suena
abajo y a la izquierda
no es mi imaginación, el pasto
está invadido de flores amarillas
que el sol hace más fuertes
el notro
está queriendo enrojecer
y nosotros estamos
queriendo intensamente
pienso en los años de mis hijos
quiero que vuelvan las frambuesas.





EL CORAZÓN CON QUE VIVO


Fin de semana entre cardos
y ortigas
literalmente, José
ortigas
cardos.

No hice la huerta
no arranqué tantos
en realidad
pero acá estoy
y estaré
herida toda la semana.




Cecilia Fresco (Buenos Aires, 1969. Vive en Patagonia)

Fuente: "Realidad vs Representación", Cecilia Fresco, Ediciones Del Dock, 2014.

1 POEMA MÁS DE CARLOS J. ALDAZÁBAL




Aviso


Se busca traductora
capaz de descifrar esta "saudade",
este castor sin dientes ni madera,
este cóndor nocturno y desvelado
que presume de buitre sobre un hueso.

No se admite "nostalgia",
tampoco "la remota posesión del recuerdo"
o "el perfume gastado de la melancolía".
No es posible "que extrañe",
"que taladre", "que asfixie",
"que pretenda morirse de abandono".
No se admiten metáforas de barcos
ni faroles tapados por la bruma de un puerto.

Se busca traductora de "saudade"
capaz de prescindir de la tristeza,
que sepa portugués,
que diga en castellano un sol de enero
bailando entre la espuma de Ipanema.



Carlos J. Adazábal (Salta, Argentina, 1974)


Fuente: "Camerata carioca", Carlos J. Aldazábal, Editorial El Suri Porfiado, 2017.

viernes, 6 de abril de 2018

7 POEMAS DE RAÚL ZURITA




CIELO ABAJO


Tengo 52 años y he llegado hasta aquí porque mi
vida es vacía. La música del polaco del piso de
arriba se ha vuelto cada vez más estridente y los
golpeteos de sus zapatos siguiendo el ritmo
resuenan en el techo acompañándome. Llevo un
mes en Berlín, desde un 18 de marzo, año 2002
exactamente, en un departamento de la DAAD de
paredes muy altas, desnudas y blancas, y hace
un rato comencé a teclear estos recuerdos mientras
afuera la primavera tarda. No sé por qué lo hago.
El desierto se extiende perdiéndose en la lejanía y
el cielo del atardecer se va doblando sobre él con
una lentitud majestuosa, inmemorial, como si
nunca hubiera sido hollado por una mirada. Abajo,
las petrificadas huellas de los convoyes militares
se remarcan en el lecho reseco del río, donde los
restos calcinados de miles de camiones cisterna
recuerdan un pasado demasiado remoto donde
algo como unos seres habían vivido: mi madre
Ana Canessa, mi hermana Ana María, Josefina
Pessolo -Veli- la madre de mi madre, todos
olvidados en la arena. Diré también mi nombre
porque me desprecio y los desprecio: Raúl Zurita.









SUEÑO 130/ A KUROSAWA


Las imágenes en blanco y negro muestran un cielo
encapotado, luego a Pinochet avanzando con su
séquito en medio de pobladoras que lo avivan y
abajo, los charcos de agua y barro que se alargan
reflejando las arrasadas casuchas. Los temporales
del 74 han sido especialmente crudos y miro la
televisión entre la somnolencia. Hace meses que
me levanto apenas unas horas. Oigo el golpeteo de
la lluvia en la ventana e intento volver a dormirme.
He logrado conseguir una buena dosis de pastillas,
unos Valium que me tomo apenas despierto
para seguir durmiendo. No siempre da resultados y
entonces me quedo horas inmóvil, temblando,
hasta que de nuevo  vuelvo a sumirme en un sopor
pastoso y sin sueños. Mi madre trabaja como
secretaria y sale temprano. Entra a mi cuarto y me
deja un café que es lo primero que veo cuando abro
los ojos. Es un departamento duplex y las piezas
que sobran se las arrienda a estudiantes. Cuando
logro despertar registro sus piezas por si encuentro
dinero para comprar más pastillas. Salgo. Camino a
trastabillones entre las pozas de agua y el reflejo de
las casas de cartón y plástico se triza bajo mis
zapatos. Las nubes han comenzado a despejarse y
al fondo se ve la cordillera completamente nevada.
Un rostro luminoso, muy blanco, me contempla
mientras caigo como si aún fuera posible el amor.





¿DESPERTAREMOS ENTONCES?


P se da vuelta en la cama y busca a tientas mi mano en
medio de la soledad inconmensurable  de la tierra, de la
tierra infinitamente devastada. Le estaba diciendo que
la primera bomba fue lanzada hace miles de años, a las
8:15 de la mañana, en un día que seguramente no sería
tan distinto a este. Le decía también que ya falta poco
para que amanezca y que muy pronto despertaremos.




EL MEMORIAL DEL DOLOR


Zurita

-Poema de amor-

Y aún no amanece y no puedo parar
de llorar; de llorar primero por ti
que te enamoraste de un viejo con
Parkinson, y después llorar por las
que me tomaron de los brazos para
que no me fuera y o también
lloraba como cuando era niño pero
igual me fui viejo culeado que no te
dio la pana ni para matarte y siempre
optaste por ti egoísta de mierda viejo
conchadetumadre paloma arrancá,
arrancá palomitay que no te conviene.





                                             Corte. Y entonces







Zurita

-Poema de amor-


Y aún no amanece y estás despierta
o durmiendo, pero me llamas entre
sueños pensando que quizás he
salido. Esta vez me había tomado
del abrigo reteniéndome y el mayor,
de poco más de dos años, también
me tomaba de los pantalones y se
reía porque creyó que jugábamos y
después lloró.
Miro y estás entre las sombras. Han
pasado treinta y cuatro años. Él se
ríe sujetándome de los pantalones
y es tan pequeño, es tan pequeñito.




                                                 Corte. Y después






Zurita

-poema de amor- 


Y aún no amanece y yo siento mis
lágrimas correr por mi cara y son
como cuchillos cartoneros las
lágrimas cortándome la cara. Me
hiero y me desangro y mi sangre
está repartida por todas partes
como si me carnearan. Sobre
todas las cosas, en todas las cosas
y yo no puedo, no tengo corazón,
no tengo fuerzas, no tengo valentía.
No es nada ¿sabes?
                                    Duerme
entonces niño, que el mar duerma,
que la inmensa desventura duerma.




                                         Corte. Y entonces






Y al frente, el océano había comenzado a recogerse
como mi cuerpo muerto ya abandonado por el tuyo





Raúl Zurita  (Santiago de Chile, 1950)



Fuente: "Zurita", Raúl Zurita, Ediciones Universidad Diego Portales, Chile, 2011

lunes, 2 de abril de 2018

3 POEMAS DE GABRIEL PANTOJA



3

No es la tela
donde se balancea
el espacio este espacio
en que escribís. No es
la materia incompleta
que te tiene queriendo más
o puteando así. Un sapo
es todo el jardín
decís, y por eso esas
flores reventadas
y violetas y la
hojarasca después
con su danza de oro
quebradizo y reseco.
Está ante vos ahora
el jardín y ante vos
ahora el sapo y las flores
y adentro también está
jardín sapo y flores
tu decir. Un sapo es
el fondo sobre el que
habías apoyado
el fruto y resbalaste
mismamente por
la apoyatura y el fruto
y así venías tan pronto
con tu cicatriz universal
un día hasta el muro
a escribir esto:
es la imbecilidad
de lo completo, lo atroz
de estas tierras, decís
lo menos bello del reino.
El reverso de las cosas
te tiene así, hermano
hasta parecés el parpadeo
de la materia en la tela del
tiempo cuando gira y está
como a punto de saltar.





5

el agua de la pava lista

y en algún lado del mundo una casa
pensás
está destruyéndose

mientras
acaricias el gato

la hoja que veías arrastrarse
por la espiral de viento sobre la gris
canaleta del parque ahora va
a parar hacia el reseco
barro de un charco

sabés que también vos
habías pasado por ahí
y viste
cómo la infinita esfera de agua
repetía deformando el peso de los naranjos

ahora el animal busca
un rectángulo de luz
y se recuesta

estás en la alta piedra
de las quebradas fulguraciones
donde ceden los rostros
decís
a la mordida de dios

entonces la hoja vuelve a salir
arremolinada
por el aire

y ahí es cuando
se estremece gravemente la tarde
y el animal
arquea el lomo como si
entrara de un salto a la irregular
sombra de la historia
y la partiera

pero era solo el roce
pensás
de la caricia



Poemas de Crack

1
no dije “caían naranjas del poema”
dije sí “rodaba el número sobre la mesa floja como gotera”
y si no dije
“caían, etcétera” y sí dije “etcétera, gotera y mesa ”
¿es porque caí?
escribía, en cambio “miraba por la ventanilla del 33 la luz de la tarde
repetirse en miles de hilachas contra el objeto dios de tus piernas cuando…”
y, pienso, si escribía que “miraba” y escribía “33, y tus piernas, y dios contra
el objeto” y si no dije “etcétera del caer” y sí “gotera del número flojo” y si
pienso que pienso.
mal.
mal: primer estado del ser.
mal: me rompí.
mal: son las once.
mal: estoy hace quince años en ese martes de la plaza.
¿existieron las cinco de la tarde de dios?
había poema anaranjado sobre la mesa, había atardecer del objeto
recordatorio, luego fui la mesa, yo, el rodar de la naranja, el libro de poemas,
el traje de la lluvia, las piernas de dios cruzadas para mi mal.
me rompí.
¿y ahora?
pienso. acá se aflojó la metafísica. acá es muchas cosas igual
a menos acá.
ahora me parto al centro como una naranja del libro de poemas que
me toca escribir y, encima, negarme:
no fui yo.
¿había sido el agua elemental de unas piernas cruzadas, dadas vueltas
para mí, quedadas para mí? mujer, chica de la plaza del martes, luz
coincidente con la piedra de mi libro, coincidente dios con la ventana del 33.
flojo de mí: pensando en que había centro en las cosas
que había pensar, que había cosas y así.
mal: debía empezar por esto.
¿hace fiesta la luz de las cinco en el mal, hay luz de las cinco
recién a las once?
“he sido feliz en un lugar equivocado”, escribí.
pero pensé: ¿eso lo puse yo?
no, fui yo


Gabriel Pantoja (Córdoba, 1979)


Fuente: