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jueves, 21 de abril de 2022

4 POEMAS MÁS DE CARLOS BARBARITO

 






Lo uno y lo otro



    Dos ciudades exactamente iguales, una en la costa y otra sumergida. Lo único que las diferencia es el sonido de las campanas de sus iglesias, al propagarse por el aire y por el agua.

    Dos aves, una ciega. Las dos cantan pero el canto del ave ciega se asemeja a un repetido y obstinado golpe de martillo sobre un metal que proviene del fondo de la tierra, al que sólo llegan las raíces.




Yeats



    Todo es artificio, incluso lo que desde la tinta desgarra el mar, el cielo que lo cubre. Incluso, la vía más directa a Jerusalén, Bizancio. Sobre el polvo, la piedra y sobre la piedra, el pie calzado que avanza a la hora del gallo hacia horizontes mercantiles, teosóficos. Artificios el zapato, la piedra. Y cuanto se cree a salvo del cieno, limpio de sangre, sostenido sobre rama de oro, satisfecho ante un espejo. ¿De qué vale la urgencia por fijar un sueño ante el sueño mismo, rocío no encendido?



(de Materia desnuda)



Tal vez en el óxido que se acumula
en el centro de las estrellas;
en el ancho y largo hueso
que algunos utilizan como herramienta
y otro, creyéndolo el resto de un dios, veneran;
quizás en el agua que beben las aves más sedientas
o en la fuerza que hora tras hora,
en lucha con una peste, brutal y subterránea, sobrepuja;
acaso en el oculto o visible sexo de las flores,
en la garganta de un anhelo súbito y espléndido,
en un vapor lejano, en alguna persistente duración,
en el seno visto o entrevisto,
en la cifra en la que la belleza se enraíza,
en la música que no se ausenta,
en la necesaria herida para que la carne
adquiera valor y peso de carne;
tal vez en la luz que hace posible el vitral,
en el enloquecido piar,
en la chispa que una obstinada fe abarca y fija.









La veo abandonar sus telas y metales,
dejar atrás la condena de masticar y tragar
cuando hasta en lo espejos domina el hambre.
Pero, ¿soy digno de ser testigo?
Si soy menos que un diente, una vértebra,
un tafetán rasgado, una cortina
que impide que la luz entre,
una tierra que no permite brote.






(de Lugar de apariciones)



Carlos Barbarito (Pergamino, Argentina, 1955. Vive en Muñiz).
Fuente: "Materia desnuda", poemas de Carlos Barbarito y dibujos de Víctor Chab, Wolkowicz Editores, 2020.
             "Lugar de apariciones", poemas Carlos Barbarito y Collages de Sergio Bonzón, Wolkowicz Editores, 2021.





viernes, 8 de febrero de 2019

2 POEMAS MÁS DE CARLOS BARBARITO





Hay una botella rota...


Hay una botella rota
entre muchas otras botellas rotas,
rotas maderas, alas rotas
de pájaros rotos, un cartel
casi hundido en el fango.
Pero duerme, no despierta.
Se derrama la tinta,
ensucia el papel, la mesa, el suelo,
vuelan fragmentos de mundos,
islas en llamas, mares en llamas,
y, en medio del caos,
una forma tropieza con su sustancia
y no reconoce,
no reconoce el barco a su timón, a su amarra,
la máscara al rostro que oculta.
Pero duerme, no despierta.
Ara;as, rocío, caracol, mercurio,
cópulas, proverbios, aerolitos,
mueble que rechina, esmalte
sobre esmalte, metamorfosis,
desde el barro hacia las alas.
Pero duerme, no despierta.
¿Quién clavó con clavo perfecto
su sueño, lo fijó
en un muro blanco, uniforme,
contra el que chocan, sin destino,
las marcas, las luces, las manos?







¿Un deseo?


¿Un deseo?
Romper el libro, abrir el viento.
¿Un deseo?
Engañar a la muerte, despertar y seguir soñando.
¿Un deseo?
Un teatro de ópera en llamas.
¿Un deseo?
Lo dijo Yeats:  The burning bow that once could shoot an arrow out of
the up and down...
¿Un deseo?
Constantinopla, el Mar del Norte, oro y esmalte.
¿Un deseo?
El desnudo perfecto en el vaso de la Gran Obra.
¿Un deseo?
Una pluma de gorrión en el aire del mediodía y ningún gorrión a
la vista.
¿Un deseo?
Una varilla, hojas de estaño, una chispa en una botella de Leyden.
¿Un deseo?
Comer con las manos.



Carlos Barbarito (Pergamino, Argentina, 1955)

Fuente: "Radiación de fondo", Carlos Barbarito, aBrace Editora, Uruguay, 2018.


jueves, 11 de mayo de 2017

6 POEMAS MÁS DE CARLOS BARBARITO









MAL DE PIEDRA


Este permanente combate contra la hoja en blanco,
¿qué ofrece a mi vida? Quizá menos
que la astilla que me da en pleno rostro
cuando ando por las calles hacia mi calle.
El aire que no arde, los ojos enrojecidos,
límites inapelables, vigilia de la brizna,
burla del légamo, sangre clamando por el jaspe,
un pez fluyendo por la corriente hasta el último fulgor del cobalto.
Ah, querido Cavalcanti, tiene que haber una puerta,
un secreto,
una llave.




PRIMER RETRATO


En esta fotografía
C.B. lee un poema de Eliot.
Un mirar atento, con cierto dejo de tristeza,
como decir adiós
o abrir cartas amarillentas.
Su rostro pálido, su mano izquierda, un paisaje desolado
de Chirico
repitiéndose una y otra vez en sus ojos negros.
Un destino de pájaro en la lluvia.
La vida le duele, como llaga
en la carne.
Y aunque C. B. diga
que la poesía
viene sin que la llame,
lo desmienten
los labios en tensión, los nervios a punto de estallar:
allí nomás, detrás de los curvos
huesos de su pecho,
hay alguien que busca adverbios y luciérnagas
para no morir de frío en la penumbra.





SEGUNDO RETRATO


Me estoy desvaneciendo.
Solo ante el vértigo de las cosas,
ante el inexplicable tejido de la lluvia.
La noche quiere que en este día olvide
que alguna vez me fue dada la juventud,
que es el dominio sobre los misterios del sexo y de la muerte,
cada palabra dicha o escuchada,
cada vigilia en pos
de una cifra, un rostro, de una isla distante,
las líneas que unen la tierra con las estrellas,
la inmensidad del mar, lo vivido y lo soñado,
la imagen de la luna en el agua,
el vientre de la mujer amada,
los días de tormenta, las tardes de la infancia,
las lágrimas derramadas
y, lo que es más terrible todavía, la esperanza.
Me estoy desvaneciendo, ya casi no puedo ver mis manos.




CUARTO RETRATO


Se derrama mi palabra sobre la fatiga de las cosas.
El niño regresa de la ceniza
y muestra las heridas de la soledad, del desamparo.
La noche crece y me llama.
La noche es infinita y oscura, como la muerte y la ceguera.
Por favor, ponme una máscara.
Ya no puedo estar en carne viva.





INTERIOR


                                      a Liliana Lukin



En vano me han sido prodigados el océano,
la sed de los viajeros,
la antorcha de los poetas.
En vano he ofrecido mi universo carnal a terapeutas y alquimistas.
Aún tengo los mismos ojos tristes,
las mismas medias rotas de los días de mi infancia.
¿Por qué me dejaron tan solo?
¿Por qué estoy tan lejos, tan alto?




LA NAVE DE LOS LOCOS



Esa mujer que amasa el pan y no lo come.
Ese niño ciego que pregunta por las estrellas.
Esos que no se abrazan por temor a Dios, a romperse.
Ese silencio, tan atroz.
El dolor.
La demencia.
Sin embargo me pongo el saco, y salgo.

Sin embargo trabajo por un sueldo, y me callo, y me someto.



Carlos Barbarito (Pergamino, 1955. Reside en Muñiz)

Fuente: "Éxodos y trenes", Ediciones Último Reino, 1987

martes, 6 de diciembre de 2016

1 POEMA MÁS DE CARLOS BARBARITO




Eire


Adivino el pasado y el porvenir de la piedra con solo poner mi mano en ella. Adivino qué sostiene al ave en su vuelo y a tu vientre mientras andas desnuda por la casa. Es, sin duda, una isla. Una porción de tierra en medio del mar donde, sin nacer allí, allí nací y supe de inmediato la química de la acuarela, la física del amor escondido entre las hierbas, la geometría de la tormenta tanto tierra adentro como en la costa. Nada dejo porque todo me llevo, en la espalda. Hay adelante un pez que vuela. Hacia el dominio del fósforo. Hacia el ademán traslúcido, el árbol en llamas, el lejano delfín que en su salto abarca de Alfa a Omega la Filosofía. No soy yo en realidad. Es el fin del carbunclo, el final de la torpeza, la conclusión del diálogo con la sombra, el pronunciamiento del almíbar, la virginidad de la mirada que cae como cae, de golpe, una espada azotada.


Abril, 4, 2016



Carlos Barbarito (Argentina)

Fuente: "Botella al mar 1946-2016 Antología", Botella al mar, 2016.


sábado, 26 de marzo de 2016

4 POEMAS DE CARLOS BARBARITO




Tal vez en el centro, donde todo se reúne y concentra...


Tal vez en el centro, donde todo se reúne y concentra;
allí, quizás, el viajero que arriba a salvo a destino
y el niño que entra al mar y no se ahoga.
Allí, almohada y alimento.
tal vez la mujer en lo alto de la escalera,
al pie, llamándola
por todos sus nombres, incluso los secretos.
Entre uno y otro hay oscuridad
pero ninguno de los dos necesita una lámpara.
¿Quién camina sobre el hilo que une polo y polo?
¿Quién sin dejar de soñar despierta
y resume, en simple y amorosa caligrafía,
el presente de la bestia, el porvenir de la estrella?



¿Por qué, a veces, la palabra...?


1


¿Por qué, a veces, la palabra,
que, antes de salir al aire,
tiene carne de recién nacido,
al contacto con el aire, se petrifica?



2


¿En qué dialecto?
¿A través de qué mecánica?



¿Esto fue todo? ¿Y ahora?...


¿Esto fue todo? ¿Y ahora?
¿Una larga conversación silenciosa
con la única, constante figura del tedio?
¿Para qué entonces la casa, sus aleros,
la claridad intangible en el dorsal de las horas,
el antepecho, las ropas recogidas
antes de la tormenta, el esmero del cartógrafo
ante la precariedad del mundo:
materia que no gana densidad, fluye
por un instante y, luego, prescribe o se disocia?
¿Con qué hilos tejer la novedad,
al menos una sombra casi música,
al menos una línea de tiza en el asfalto,
al menos un instante sin tutela ni desdicha?


Carlos Barbarito (Pergamino, Argentina, 1955)

Fuente: "Falla en el instante puro", Carlos Barbarito, Botella al Mar, 2016.