martes, 19 de mayo de 2015

LA POESÍA DE VALERIA CERVERO




A  Vio  nES

: caminos de
aires y sombras
contraluces

A  Ve  cES

: navegan
sobre hojas
y veletas


A  Vo  cES

: esas cosas
que oímos
por el agua





*****


laberintos de
calles
en noche
de piratas

                    coches
                    de chocolate
                    hamacaron
                    tu cuna
  


*****


                     chapuzón
                del espanto 
                huyendo tras 
                láudes

la luna sobre
tachos
de piedras
y de libres

                 los ecos
                 de mi pecho
                 nos recuerdan
                 tu música
      

*****




búsqueda
búsqueda 
búsqueda

       queda la pregunta

¿hacia dóndes,
para quiénes?

búsqueda
búsqueda
búsqueda

       da su respuesta

hacia quiénes
para dóndes

búsqueda
búsqueda
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encuentro del escondite
escondite del encuentro



Valeria Cervero (Buenos Aires, Argentina, 1972)

Fuente: "escondidas", de Valeria Cervero y Vivi Chaves, Ediciones Del Eclipse, 2013

1 POEMA DE DELMIRA AGUSTINI







La ruptura

Érase una cadena fuerte como un destino,
sacra como una vida, sensible como un alma;
la corté con un lirio y sigo mi camino
con la frialdad magnífica de la Muerte... Con calma
.
Curiosidad mi espíritu se asoma a su laguna
interior, y el cristal de las aguas dormidas,
refleja un dios o un monstruo, enmascarado en una
esfinge tenebrosa suspensa de otras vidas.



Delmira Agustini (Uruguay 1886- 1914)


Fuente: "Poesías completas", Delmira Agustini, Editorial Losada, 2008.


lunes, 18 de mayo de 2015

4 POEMAS DE LUCIANA A. MELLADO





XXVII


Este dedo no se mueve más
culpa de una mala espina.

Ahora muevo los otros cuatro
y el del medio se queda quieto.

Le gusta estar solo
como a vos
cuando eras chica.


(Aquí no vive nadie, Editorial El Suri Porfiado, 2010)



Sueño de Andy


Andy ayer soñó que me moría.

Se despertó en mitad de la noche
desolado.

No me contó nada más.

No insistí.

Supe que la sombra
de un fantasma
le tocaba la boca
desde adentro.

Hoy lo dijo con las palabras:
soñé que te morías
y no me daba cuenta.


(Animales pequeños, Ediciones La Carta de Oliver, 2014)




La siesta

                                                                       para Andy, cada vez



Crece el silencio
adentro 
de las cosas.

La siesta te abraza.

Nadie prende velas
bajo una luz rabiosa.

El único que importa
está durmiendo, 

lejos de esta boca
que quiere hablar
está durmiendo.

Bajo el sol excesivo
me falta
que despiertes.


(Animales pequeños)
  



Rehabilitación



Me descoso en el recuerdo de ese hombre,
en el detalle de lo no visto
porque no lo vi ni pude verlo
del otro lado de la cortina
inmensa.

Me voy a descoser sin la esperanza
de unir luego cosa alguna
en el recuerdo.

Así juego en la verdad
la trampa.

No era ese hombre
el de la barba como un río
ni el del pez que es todo el universo.

El que apagó su fuelle
del otro lado ese verano
era alguien invisible.

Qué calor
para morirse detrás de la cortina.

Juego un juego/ verdadero.

No escribo de los respiradores
mecánicos,
qué invento.

Esto me ha sucedido
o le ha sucedido a otro
que es lo mismo.

Porque he nacido sí,
porque me han dado un nombre
y he respirado después
de un golpe seco.

Cuando el pulmón se le agotó 
de andar,
el hombre de al lado de mi cama
expiró
for ever

bajo la sábana blanca
bajo la sábana blanca

Todas las sábanas donde vamos a morir
son blancas.

(Animales pequeños)


Luciana A. Mellado (Buenos Aires, 1975, Argentina, desde su infancia vive en Comodoro Rivadavia, Chubut)


Fuente: "Aquí no vive nadie", Luciana A. Mellado, Editorial El Suri Porfiado, 2010;  "Animales pequeños", Luciana A. Mellado, Ediciones La Carta de Oliver, 2014

2 POEMAS DE BEATRIZ VIGNOLI




Refinería
a Esteban Jaimez



¿Cuántos oles caben en una bomba atómica?
¿Hasta cuándo nos aburriremos? ¿Qué vendrá de pero
que aún no imaginamos?
¿Le sirve a la poesía aquel largo paredón blanco?
¿Le sirven esas filas de bolsas de basura,
la meada en el piso de cemento del refugio,
el 110 que no viene, la overa perra gorda echada,
la plaza triangular con un ombú raquítico en el centro,
un Siam Di Tella verde, los camiones de cuarenta años,
el hecho de que por lo demás este lugar parezca Boedo
y sea Rosario? "Si vas volver borracho
-le habían dicho-
volvé enojado; si no, estás perdido".
Rodaba por su mapa,
estaba tan cansado de ser hombre,
hablaba de cine y de la lluvia en Seattle
y de lo posible y lo infinito.
Olor a parrillada, a choripanes,
ochocientos mil chalecitos peronistas,
un chiste en el camino de Emboscada a Limpio,
¿cómo sostener una pasión en este mundo?
¿Cómo se hace para ser padre todo el tiempo?
¿Cuántos cuartos de hora perdidos suman una vida?
Las botellas traen una sed como de cactus.
¿Somos acaso sabios más allá de la acción?
Todo lo que miramos se acumula
y forma -a la larga- una religión.

(publicado en danke zine número 12, rosario, agosto 2012)



Diciembre 31, 2001



Y la vida era esto:
salir a la vereda el treinta y uno
a las doce, ver cómo un vecino
enciende una bengala.
El brazo en alto, inmerso en la luz ígnea.
Un silencio rosado y expectante,
un fuego inmóvil del mundo.
¿Celebra? ¿Pide ayuda? Nada pasa.
Nada llega. Todo al final se apaga.
Pero aquel brazo en alto, aquella duda.
Aquella intensidad.


(del libro Bengala, Editorial Bajo La Luna)



Beatriz Vignoli (Rosario, Santa Fe, Argentina, 1965)


Fuente: "Yo soñaba con comprarme una combi- Selección de poesía santafesina contemporánea", Erizo Editora, 2013.

viernes, 15 de mayo de 2015

5 POEMAS DE ALBERTO SZPUNBERG





III



"Como si te dijera", o sea, todo esto es un decir,
también este poema.
Por ejemplo: esta mañana pude descubrir en el perfil
de la montaña un gesto que es tuyo, sobre todo
cuando observo tu rostro contra el cielo, y ambos tan
inasibles.
Pero no pensaba en ti, sino en la montaña, allá arriba
donde el cielo también es inasible,
allá en lo alto de esa ola que no deja de avanzar en su
tiempo, el mismo que empuja en el fondo de todos
nuestros días.
Pero detenida para nosotros en el horizonte, podemos
encontrar nuestro camino en relación con ella, su
soledad,
tu gesto ese que tampoco deja de empujar y empujar
en el fondo de todos mis días, mis mañanas, mis
silencios.
Como si te dijera: no pensando en ti sino en la
montaña pude pensar que te encontraré y
hablaremos,
aun sabiendo que tu voz me distrae de todo lo que
dices.
Como si te dijera: entre palabra y palabra, el poema
vuelve a ser un juego inocente.


ASTILLAS EN LOS VITRALES DE NÔTRE DAME

Panes y peces como pétalos llovidos de la única mano que
puede arrojar la primera piedra
la primera piedra que será la última para volver a ser la
primera —precisas palabras bajo la lluvia, casi consignas— o no
será

palabras a trasluz del viento que las sostiene

labios sostenidos por los besos, breve brisa,
llovidos besos esparcidos por la mano de la luz sobre
el poema

el niño y el hombre se van de la mano y juegan bajo la lluvia
el niño se pone el sombrero y juega a que sueña

el hombre recoge la cabeza del apóstol y juega a que apunta

yo me entrego a tu mano y juego a que te amo,
llueve y sobre la calle, como vitrales, los charquitos.

Tu cercanía es de pronto el único milagro.




BONHEUR



Llueve, ella llueve y la única transparencia es su
desnudez,
mientras su mano devuelve los milagros a la vida y da de 
vivir.
Ella llueve como si jugara: su mano reparte panes y peces
en el aire para que giren alrededor de mi corazón.
El poema se sostiene en el leve roce de sus gestos.



VIII



Luego, poco, muy poco fue quedando del naufragio:
estas ropas de todos los días, la misma navaja en el 
bolsillo, algunos papeles, el alma suspendida en la
ciudad lejana, la ávida lectura del diario a la espera
de noticias...

-No importa, ya estamos en octubre, y nada son las 
palabras sin nuestro asombro.



IV



He abierto, abrí mi libreta al azar: "ella, como la lluvia, 
habla en silencio".
Esto escribí un día anegado por su tristeza,
pero no, no dice "ella", dice tu nombre, dice mi letra
temblorosa.



Alberto Szpunberg (Buenos Aires, Argentina, 1940)


Fuente: Apuntes- Luces que a lo lejos, Alberto Szpunberg, Editorial Colihue, 2008